Pero bueno, que me descentro, que sé que estáis deseando saber a qué coño me fui a Barcelona y sobre todo, con quién.

La versión oficial es que me iba con unas amigas de la blogosfera, “gente que no conocéis” dije a mis padres y hermana. ¿La real? Que me fui a pasar el puente con el jovencísimo y durísimo bombero que me dio un morreo la última noche de luna llena. ¿Que estoy como una cabra? Lo sé, lo sé, no me descubrís nada nuevo pero la cosa es me apetecía muchísimo y ya sabéis que estoy en plan de dejarme sorprender por la vida.
Pero había dejado todo atado, no os vayáis a pensar que soy tan inconsciente. Aurora tenía el móvil, el nombre y apellidos del chaval. “Si aparezco descuartizada, llama a la poli, que por lo menos sepan dónde buscar”, fueron mis instrucciones.

Aunque el dolor de cuerpo es también del palizón de viaje que me he metido porque ir, fui en avión, como las señoras pero volver… ¡ay!, lo hice en autobús para poder aprovechar hasta el último momento. Siempre que viajo de noche juro que será la última vez pero al final acabo cayendo de nuevo, reincidiendo como buena humana y tropezando no dos, sino doscientas veces con la misma piedra.
Esta vez tuve suerte y a lado me tocó una chavalita que se puso los auriculares y ni se meneó pero en el asiento de atrás… ohdiosmioporquemetienequepasarestoami, me tocó un gilipollas que, junto con su acompañante, no calló hasta llegar a su destino, Tudela, a eso de las 4:30h de la mañana. Además, me dijo que no reclinara el asiento porque no entraba. “Mido 1,80, chaval” – le respondí – “si no echo el asiento hacia atrás, ¿dónde quieres que meta mis piernas? Me reclino porque me sale del mismísimo, hombreyá”.
Por cierto, ¿es impresión mía o los autobuses cada vez se parecen más a los aviones?
Resumiendo, que a pesar del viajecito de vuelta y la lluvia que nos cogió ayer, el puente no ha estado nada pero que nada mal. Hicimos un picnic en la playa, comimos calçots, bebimos cava, subimos al Tibidabo, hablamos, nos besamos… y todo lo demás. Si hubiera hecho caso a Pinkocha y hubiera metido dos tangas y doscientos condones, me habría ahorrado la tortura de hacer la maleta.
Feliz lunes.






