He descubierto un blog buenísimo en el que autora cuenta los consejos que le daba su madre cuando era pequeña y me he dado cuenta de que todas las madres del mundo hablan prácticamente igual. No importa de dónde sea la tuya: del norte, del sur... es lo mismo, todas utilizan los mismos consejos, las mismas amenazas y las mismas frases hechas. ¿Será un gen específico que se les activa en el paritorio?

Este blog me ha hecho recordar algunas frases que marcaron mi infancia (y la de mi hermana), ya fueran de mi madre, de mi padre o de mi abuela. Aquí las tenéis:
- Ten cuidado, que te vas a partir la crisma: esta frase de mi madre me encanta, de hecho, es que la palabra crisma me encanta. Daba igual que nos subiéramos a una silla, que hiciéramos la voltereta, que bajáramos en bici por una cuesta a toda leche... valía para todo.
- Te vamos a tener que ingresar: vale, lo reconozco, cuando era niña comía más bien poco (aunque de todo) pero tanto como para temer principio de desnutrición no era, os lo aseguro. Sin embargo, ésta era la amenaza preferida de mi madre. Yo ya me veía en el hospital, enchufada a un gotero y con ese horrible camisón abierto por detrás...
- Ay, si lo pillaran los chinitos: esta frase la utilizaba mi abuela cuando no queríamos comer más. Mi hermana y yo comíamos de lunes a viernes en su casa y nos tenía martirizadas con los pobres chinos. Nosotras veíamos en la tele a los niños de África, con sus panzas hinchadas, pero ni rastro de los chinitos en los reportajes del hambre en el mundo. Pero para mi abuela eran los que más necesitaban la comida, no me preguntéis de dónde lo sacaba. Hoy, esta frase es una coña familiar. Cuando alguien deja algo en el plato, decimos todos a una: “¡¡¡Ay, si lo pillaran los chinitos!!!”
- ¡Déjate con tu padre!: es la versión de mi abuela del “como se lo diga a tu padre”. Ella es una mujer de carácter y aguántala cuando saca el genio pero a veces no podía con nosotras. Entonces soltaba un “déjate con tu padre, déjate” y… ¡milagro! Mi hermana y yo agachábamos la cabeza y parecíamos angelitos.
- Os voy a llevar con el cojo de Cirauqui: no teníamos ni idea de quién era este señor pero sólo con nombrarlo, mi padre conseguía acojonarnos. Yo me lo imaginaba viejo, con una gabardina larga, su cojera, tan poco amigo de los niños... vamos, la versión navarra del hombre del saco. Para vuestra información os diré que Cirauqui, es un pueblo de Navarra y el Cojo parece ser que fue una paisano que luchó en las guerras carlistas (esto lo supe ya de mayor, por supuesto ). En boca de mi padre daba mucho miedo, en serio.
- Eres más mala que la peste: esta frase me la repetía mucho mi padre, tanto que llegué a creerme la reencarnación de Satán. Como os lo cuento, eh? Yo me miraba al espejo y me veía las orejas puntiagudas y todo. Vamos, convencidísima de que era la hija del demonio.
¿Y vosotras/os? ¿Tenéis frases que os hayan marcado la infancia?