Por si aún hay alguien que no lo sabe, me marcho una semanita a hincharme a vino y a tocarme un poco la vuvuzela bajo el sol de la Toscana:

No sé si podré soportar vuestra ausencia.
Cuidadme la casa, por favor.
Muas muas.
La vida después de un divorcio
No sé si podré soportar vuestra ausencia.
Cuidadme la casa, por favor.
Muas muas.
Venga gente, un esfuerzo.
Es muuuuy fácil.
Trrrrrrr Trrrrrrr (Redoble de tambores)
¡El sábado le dije que me voy a Italia con un amigo!
La cosa es que la semana pasada le comenté que me iba de vacaciones. Yo esperaba que me hiciera la pregunta del millón (ya sabéis, “¿y con quién?”). Pero la tía me hizo un interrogatorio saltándose la pregunta clave. Dio por supuesto que me iba con Mel y los del pueblo de Mel... y no le quise sacar del error a la mujer.
Pero el sábado, hablando sobre las vacaciones con mi hermana, mi madre me preguntó: “¿Pero cuántas vais? ¿Otra y tú?”. “No, Amá, OTRO y yo”... (Se masca la tragedia)
Yo tengo varios, como cualquiera de vosotras, supongo, pero al final, por no andar cambiando las cosas de sitio, siempre acabo utilizando el mismo: un shopping bag (o sea, un bolso grande que te cagas) negro.
El otro día noté que me pesaba. Mucho. Puedo decir que una tonelada y no exagero. Así que me dije, “Perla, bonita, hay que aligerar esto, a ver si te va a dar un pampurrio y te vas a tener que coger la baja”.
Y vacié.
Y flipé.
¿Pero cómo se puede meter tantas cosas en un bolso?
Os cuento:
¿¿¿Cómo no me va a pesar??? Estoy por ponerle ruedas, en plan trolley.
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